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By René Andioc

Universidad de Zaragoza. Humanidades fifty one. 2005. 824 p.
Recopilación revisada y actualizada de artículos y trabajos publicados por el autor entre 1965 y 2002 en diversas revistas o misceláneas españolas o extranjeras, algunos redactados en francés y que se ofrecen aquí en versión española. Comprende diversos aspectos de los angeles actividad intelectual del período, en especial los angeles producción y difusión de los textos literarios, las condiciones y circunstancias de su difusión y su recepción. Obra basic de uno de los más reputados hispanistas franceses.

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314. , que mi padre me ha dado con el látigo ¡ay qué pena! porque esta mañana no quise yo trabajar». Se advertirá la grafía «italiana» (que también fue un tiempo hispanohelénica) destinada a representar el sonido «k»: «che», «cherrer» (querer). 54 La escuela y la calle además de las deformaciones que por ellos sufría el idioma castellano, proferían con frecuencia un cierto número de interjecciones que llegaron a convertirse en lugares comunes en aquellas piececitas; la más corriente era «alón» («vamos»), a veces «alondón» («vamos ya»); luego venían «fort bien» («muy bien»), «san fasón» («sin cumplidos»), «par ma fua» («a fe mía»), «votre servitor» y, naturalmente, «güi, güi»; la primera llegó a ser tan usada que la utilizan unos individuos perfectamente hispanófonos y de ninguna manera ridículos, para quienes equivalía, salvando las distancias, a nuestro moderno «go», y así también con el vasco «agur» o «abur», por «adiós».

La conclusión («En suma…»), ya la conocemos, pues consiste, según queda apuntado, en una ecuación entre el nivel mental del maestro y la otra profesión que ejerce. l Decreto de S. M. de 25 de Diciembre de 1791, y no haber protegido a un maestro cuyas circunstancias son las siguientes» (aquí concluye el título, enumerándose luego las referidas «circunstancias»): enseña según el método antiguo, «y como pudiera hacerse en una aldea»; los más adelantados leen «muy infelizmente» y los niños aprenden a escribir «por los renglones que les hecha el maestro, y vimos en ella más que un corto número de muchachos a quienes se les daba una enseñanza muy imperfecta»; no tengo a la vista la edición de Valencia, pero en la mía vienen las dos frases, y la última citada precede a la otra, de manera que parecen concatenarse lógica y gramaticalmente: «que nos afligieron más» - «que nos afligió más que todo».

La traducción es mía (y, por lo tanto, inmejorable…). La figura del francés en las tonadillas de finales del siglo XVIII 51 contemporáneos de monsieur Jourdain, o incluso, posiblemente ya, de una «r» velar, también llamada «parisina» («parisien»), aquejada de lo que el filólogo Émile Littré califica de defecto, a saber, un «grasseyement» gutural, y ya no alveolar, cuyo carácter «vicioso» solía considerarse divertido en la época que venimos estudiando. Hoy en día, los «transpirenaicos» que no disponen del sistema fonético castellano siguen pronunciando de manera idéntica la «r» en este idioma, sea simple o redoblada, al tratar de hacerla vibrar, y con toda evidencia debía de resultarles graciosa dicha particularidad a unos oídos hispanos por más insólita en el caso de una «r» simple, máxime intervocálica, pues en esta posición no emite el español más que una sola vibración, y a nivel alveolar.

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